Usted puede cuestionar que Lufthansa sea hoy la líder en operaciones aéreas en cinco países de Europa y que eso no parezca preocupar a los efectos de competencia. Es posible que, si a usted le sorprende, tenga razón, porque las grandes aerolíneas tienen mucho poder y mandan en Bruselas (Lufthansa anuncia que no va a cumplir una orden de Europa).
Pero también deberá admitir que la decisión de Lufthansa de no obedecer a la burocracia de la Comisión Europea que le obligaba a cobrar precios políticos a un competidor es correcta. ¿De dónde se sacan los burócratas de Bruselas que una empresa tiene que transportar los viajeros de otra aerolínea a precios políticos?
En diciembre del año pasado, los tribunales alemanes dijeron que Lufthansa puede cobrar a Condor, su competidora, el precio que crea oportuno por transportarle pasajeros a Frankfurt. Condor lo entendió tan bien que se puso a reformar su red de vuelos para no depender más de Lufthansa. Pero entonces, el 15 de enero, la Comisión comunicó a Lufthansa que debía mantener los precios. ¿Y eso?
Los burócratas se han ganado a pulso ser ridiculizados públicamente por parte de Lufthansa. ¿A qué viene que pongan ellos un precio a los vuelos? ¿Pero qué idea tienen no de los precios sino de su poder? Como dice el grupo alemán correctamente, ¿en qué norma legal se amparan?
Estos son los mismos funcionarios que para permitirle a Lufthansa comprar ITA le exigieron que renunciara a un número de vuelos en Milán Linate, como si eso se pudiera cuantificar, como si así pudiéramos considerar justa la operación. Pura discrecionalidad absurda, que sólo podría aceptarse si estuviera medida, evaluada y sopesada, lo cual es imposible.
Bruselas debería estar sometida al escrutinio político de los ciudadanos y no como ocurre hoy, donde nadie sabe quién ha elegido a esos burócratas.
Europa se ha quedado en un chiste.