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EDICIÓN ESPAÑA

El instante decisivo

 

Por Tomás Cano

27/07/09.- En cada ocasión que regreso a casa de los largos viajes, que por razones de trabajo tengo que hacer, me encierro muchos días en mi despacho y leo sin parar libros de todo tipo. Hace unos días, buscando entre mi colección encontré uno de mi buen amigo, ya desaparecido, José Antonio Silva, persona a la que  considero uno de mis mejores amigos y un gran piloto.

Encuentro un  libro suyo, y empiezo a  ojearlo, y leo  en la primera página su dedicatoria: “A Tomas Cano, amigo de siempre que ahora inicia la andadura de la que será la mejor compañía de aviación española y sino al tiempo. Con mis mejores deseos, mi confianza y todo mi afecto”.

Eran los tiempos del inicio de Air Europa, y cuántos recuerdos me vienen a la memoria, sobre todo su presencia física, porqué espiritualmente permanecerá conmigo hasta el final de mis días.

El libro publicado por la editorial Ronsel, se titula ‘El Instante decisivo’, y en estos  momentos en los que muchos pilotos están pasando por momentos verdaderamente difíciles quisiera mencionar sus palabras a todos y cada uno de ellos.

“En la vida de todo hombre hay siempre un instante decisivo, y probablemente en ese instante se escribe su futuro. A menudo ese instante es una ínfima fracción de tiempo que incluso deja margen para la meditación, el análisis detenido de la situación y la medida decisión final, elaborada por una mente clara u ofuscada. Y lo que venga después será fruto de esa decisión.

Pero en aviación casi nunca le es concedido al piloto el tiempo suficiente para pensar. En aviación, el instante decisivo puede durar apenas unos segundos.

En aviación, la decisión de un piloto puede transformar un problema leve en una tragedia, si es equivocada.

Probablemente, sólo el cirujano y el piloto manejan el débil hilo que abre y cierra la sutil frontera entre la vida y la muerte con tal intensidad y tantas veces a lo largo de sus vidas. Una y otra profesión precisan de hombres singulares que desdichadamente no siempre son buenos profesionales.

Gente, casi anónima, que en el trabajo diario de su oficio, en sus cabinas, en sus cursos de entrenamiento y capacitación, en el oscuro ejercicio del pundonor que hace a un hombre mejor cada día, afrontan las dificultades y los problemas de un entorno siempre cambiante —cada vuelo es siempre diferente al anterior, aunque el trayecto sea el mismo—.

En la aviación no hay lugar para la gloria y el oropel, sino el máximo de eficacia, la más alta cota de seguridad posible.

Al final el piloto lo que hace entre muchas otras cosas es llevar gente a conocer a otra gente, haciendo posible abrazos, caricias y cariño, borrando nostalgias y ausencias. Entre todos han hecho el mundo más pequeño. Ya no existe el “allende los mares”, sino unas pocas horas de distancia, prácticamente, todos ellos han vivido un instante decisivo.”

 


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